Sociológo seudocientífico

Introducción

En 2013 el sociólogo chileno de la Universidad Bío Bio, Alexis Rebolledo, publicó una pieza de opinión afirmando que:

 

Toda la evidencia empírica reciente le resta valor terapéutico a la homeopatía. El placebo no cuenta en tanto su eficacia no depende de propiedades intrínsecas, por tanto no es atribuible validez experimental al remedio homeopático. Vale decir, la homeopatía, por sí misma, no cura nada.’

 

En la misma columna pretendí “demostrar” que las conclusiones en que Rebolledo se basó son sesgadas y erróneas. Sin embargo, los editores la página nunca publicaron el escrito. 

Para empezar, Rebolledo comienza defendiendo que la homeopatía se define como “uso de cantidades infinitesimales”, y se apoya en una definición de una caridad española llamada “Círculo Escéptico”. Sin embargo, la homeopatía no se restringe al uso de cantidades infinitesimales. Al respecto, el contenido de la página Círculo Escéptico fue refutado hace tiempo. Este tipo de errores entre los activistas “escépticos” es muy común como se desprende de multiples análisis independientes.

Pruebas científicas

Recordemos que Rebolledo afirmó que: “Toda la evidencia empírica reciente le resta valor terapéutico a la homeopatía”. ¿Qué tan certero será?

En 1991 se publicó el primer “meta-análisis” (en realidad un semi meta-análisis o revisión sistemática) que compara homeopatía vs placebo. Sus autores revisaron 107 estudios controlados y concluyeron que la mayoría fueron favorables a la homeopatía (81 vs 24). Sin embargo, la calidad general de los mismos fue baja. A pesar de esto, y según la escala de calidad (‘vote counting’) empleada en aquel entonces, hubo un conjunto de 15 estudios de alta calidad que obtuvieron un puntaje bastante alto, de estos 15 obtuvieron resultados a favor vs 7 con resultados en contra. Si bien los autores concluyeron que la cantidad de estudios fue “insuficiente” debido a que la mayoría de estudios fue de baja calidad y por el papel, en ese entonce, del potencial sesgo de publicación. Pero al final admitieron lo siguiente:

‘Usamos un criterio muy riguroso para elegir los mejores estudios y basamos nuestras conclusiones centrales en los mismos. Nos sorprendió la cantidad de pruebas a favor obtenidas de los estudios de mejor calidad. Basándonos en las pruebas encontradas, estaríamos dispuestos a aceptar que la homeopatía es eficaz sólo si el mecanismo de acción postulado fuera más verosímil’

Posteriormente, en 1997, Lancet publicó un meta-análisis que probó claramente que, en conjunto, la homeopatía es superior al placebo. Lo que no pudo probar de manera convincente fue una clara eficacia para distintos tipos de enfermedades tal como las clasifica la medicina “convencional”. Este meta-análisis incluyó 89 estudios controlados comparados con placebo, y se realizó un rigurosa estrategia búsqueda separando por tipos de homeopatía, calidad, enfermedades y grados de potencias. El propio meta-análisis define como bajas potencias aquellos productos que están entre D1 (dilución de 1 : 9 partes) hasta D8, potencias medias de D9 a D23, y altas potencias aquellas desde D24 en adelante. Por lo tanto, no se explica que Rebolledo omitiera las bajas potencias tomando en cuenta que el propio meta-análsis las define claramente.

Rebolledo intentó minimizar este meta-análisis parafraseando la crítica metodológica de Marcel Francis Khan y una crítica de David Colquhoun a un estudio de Fisher et al publicado en 1989, en el que evaluaban el tratamiento de homeopatía vs placebo para el tratamiento de la fibrositis. Para empezar, Rebolledo olvidó mencionar la réplica de Linde y Jonas a la carta de Khan. En tanto al re-análisis de Colquhoun, si bien minimiza los resultados del estudio de Fisher no los refuta.

En 1999, se presentó un re-análisis del meta-análisis anterior, los autores concluyeron que habían “sobre-estimado” el efecto de la homeopatía. Según esto, los estudios de mejor calidad tienden a tener un menor efecto a favor de la homeopatía. Pero los mimos autores advierten que este resultado es equivalente al de la “medicina convencional” y que este comportamiento no es lineal, es decir, en algunos estudios de alta calidad el efecto no desapareció.

En 2002, Edzard Ernst publicó una revisión intentando refutar los meta-análisis de Linde. Si bien corroboró concluyó que no había ninguna investigación independiente que replicara alguno otro estudio para condiciones específicas, también concluyó que no había pruebas “convincentes” que probaran un efecto mayor que el placebo. Un año después, otra revisión concluyó que la mayoría de estudios fue a favor, y no como Ernst había concluido. A diferencia de Ernst, la revisión del 2003 fue mucho más rigurosa rechazando la hipótesis nula. Una revisión aún más reciente revisó críticamente los argumentos de Ernst y “demostró” que éste había hecho trampa.

En 2005, Lancet volvió a publicar un meta-análisis firmado por Shang et al., esta vez comparando 110 estudios de homeopatía vs 110 de medicina “convencional”. En la comparación de los 110 estudios, los autores concluyeron que ambas probaron un efecto mejor que el placebo. Entonces, decidieron separar aquellos estudios de mejor calidad, obtuvieron 21 estudios homeopatía (19%) y 8 de medicina “convencional” (9%). De nuevo, para ambos casos el análisis estadístico probó que, en general, ambas tienen un mejor efecto que el placebo. Sin embargo, cuando los autores volvieron, de manera arbitraria, a hacer otro corte, esta vez obtuvieron 8 estudios de homeopatía y 6 de medicina “convencional”. En este caso, los resultados para la homeopatía no fueron estadísticamente mejor que los del placebo, pero los de medicina “convencional” sí. Pero este meta-análisis tiene varias sorpresas.

Linde y Jonas, co-autores del anterior meta-análisis, criticaron el mismo por su baja calidad metodológica y por no respetar las guías metodológicas establecidas por la Cochrane y de la misma Lancet. En el meta-análisis de Shang et al no hicieron ningún esfuerzo en separar por tipos de homeopatía y potencias, como sí se hizo en el meta-análisis de 1997. Y, además, rechazarón arbitrariamente 8 estudios de alta calidad para el tratamiento de enfermedades del tracto respiratorio superior. Estos estudios reportaron un efecto superior al placebo. Shang et al no encontraron efecto de sesgo, pero se excusaron argumentando que los sesgos presentes en este tipo de publicaciones (de homeopatía) los invalidaban, esto es igual a afirmar que como en una canasta de distintos tipos de manzanas tenemos 12 de color rojo que están podridas, entonces concluimos que las manzanas verdes también lo estén. El meta-análisis de Shang fue analizado, al principio se demostró que las conclusiones fueron menor contundentes, y el resultado depende de los criterios de selección. Posteriormente, un segundo análisis demostró que una parte de los resultados de Shang et al eran fabricados. Por ejemplo, Shang et al afirmaron que los estudios de menor tamaño siempre mostraban un mayor efecto y eran de menor calidad, pero el segundo análisis demostró que los ensayos pequeños no siempre muestran mayores efectos y que muchos son de buena calidad.

En 2014, un meta-análisis en el que separan un tipo de homeopatía corroboró el análisis de 1999: A pesar de que, en general, la calidad de los estudios fue “baja”, en algunos estudios de alta calidad no hubo una reducción del tamaño del efecto, este fue robusto y consistente con todos los meta-análisis anteriores, el autor principal concluyó:

‘Aunque existen pocas pruebas favorables de la homeopatía para condiciones clínicas específicas, hay algunas pruebas generales obtenidas de estudios clínicos controlados (ECA) que indican que la homeopatía individualizada tiene un efecto, modesto pero detectable, mayor que el placebo.’

Conclusión

Muchos “escépticos” afirman que la homeopatía no está estudiada científicamente, ignoran selectivamente las pruebas, fabrican o hacen trampa. En el caso de la cuestión de la eficacia clínica no es menos relevante tenerlo en cuenta.

 

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